¿Quién es el presidente de la Unión Europea? ¿Y de la Comisión Europea? ¿Quién votó a Mario Monti para ser primer Ministro italiano? ¿Quién redactó la Constitución europea a la que los votantes dijeron NO y metamorfosearon en el Tratado de Lisboa? ¿Quién diseñó y dirigió la moción de censura de Pedro Sánchez contra Mariano Rajoy?…
Siendo niños nos hicieron creer que los políticos y la democracia estaban al servicio del pueblo, pero las acciones de muchos gobernantes han demostrado lo contrario. De sus labios salen bellas palabras pero sus hechos son deleznables.
Cuando las instituciones y gobernantes no cumplen con las responsabilidades inherentes a su cargo se produce la corrupción. Los amos del Poder permiten el ascenso de los mediocres y oportunistas, aún más, lo facilitan, pues estas personas carentes de integridad y moral son esenciales para ejecutar sus planes. Es así, valiéndose de individuos intermedios, como el Poder toma las riendas de la mal llamada democracia y deja de lado al pueblo, abandonándolo a su suerte. Mediante estrategias de marketing construyen líderes políticos, fabrican mentiras y sucedáneos democráticos con los que mantener a los ciudadanos satisfechos, acomodados y entretenidos. La información se convierte en propaganda, un engañabobos para ocultar y maquillar los abusos del Poder, usando medias verdades cuyo efecto es más devastador que una mentira completa.
Mientras los líderes visibles del imperio Bilderberg defienden en público la democracia, en privado sus laboratorios no cesan de estudiar nuevas estrategias para atacarla. A los lobos no les gusta que las ovejas se rebelen ni anden sueltas. La democracia que les agrada no es la democracia del pueblo sino la democracia de los amos del Poder.
Ante esta intuición muchos optan por pensar en sí mismos, e intoxicados por las mentiras sembradas en todos los campos eligen alinearse a las esferas del Poder; creen que es el único camino. Partidos políticos, sindicatos, empresas, ONG… También están los mercenarios que se venden al mejor postor. En estas democracias ilusorias todo funciona hasta que los amos del Poder deciden que ha llegado el momento de apretar las tuercas para obtener más poder y lanzan el vil ataque de las crisis.
¿Por qué la política está llena de mediocres? Porque el Poder necesita siervos, esclavos que ejecuten las órdenes que ellos deciden en sus despachos. Tienen a sus órdenes a un ejército de mercenarios que trabajan por dinero: en el mercado, en la política, en la cultura. Pagados con el dinero de nuestro trabajo. Sin saberlo y sin quererlo, estamos pagando a nuestros amos. Estamos financiando nuestra esclavitud. «A la gente la empobrecen para que luego vote por quienes la hundieron en la pobreza», dijo el cardenal argentino Jorge Bergoglio, hoy Papa Francisco. Sabía bien lo que decía porque Argentina ha sido vilmente atacada y su pueblo ha sufrido y sufre robos y endeudamientos constantes. No hay democracia sin separación de poderes. No hay libertad sin justicia, no hay libertad sin pensamiento libre, no hay libertad sin verdad. Esto no es democracia. De la dictadura del proletariado hemos pasado a vivir en la dictadura de los mediocres, en la dictadura de los malvados.
Si el lugar que hoy ocupan los políticos globales fuera ocupado por mentes brillantes, con conciencia, conocimiento de las leyes… Los malos no podrían avanzar en sus planes de mantener a los seres humanos en estado de esclavitud económica, física y espiritual. Se trataría del gobierno de los sabios que planteó Aristóteles. Pero claro, para que los amos del mundo avancen en la consecución de sus objetivos necesitan esclavos, muy bien pagados, pero siervos al fin y al cabo. Como en todo, hay distintas escalas de esclavitud. Sus casas son mejores que las del pueblo llano, sus putas son más caras y refinadas que las de los parroquianos, pero su esclavitud es más voraz, les permite menos espacio a su libre albedrío. Todo tiene un precio y ser un esclavo de alto rango requiere entregar tu alma, tu libertad al diablo. Cuanto más escales en su mundo, más esclavo serás.
A los amorales a sueldo, considerados por la cultura oficial como gurús o profetas, los griegos los llamaban sofistas, sabios que ponían su conocimiento en venta, que usaban la retórica y las palabras con eficacia para convencer al auditorio. Se convertían en portavoces del Poder a cambio de suculentas sumas de dinero. Hoy los sofistas se nos cuelan por todas las rendijas y sus mensajes emocionales provocan un déficit de raciocinio monumental.
Desde el martes 2 de julio tenemos cuatro “nuevos” sofistas en las instituciones Bilderberg. Por supuesto, ni tú ni yo los hemos elegido, aunque como comenté anteriormente, viven gracias a nuestro dinero: Úrsula von der Leyen, la nueva presidente de la Comisión Europea; Christine Lagarde, la presidente del Banco Central Europeo; Charles Michel, el presidente del Consejo Europeo y Josep Borrell como Alto Representante en Política Exterior de la Unión Europea.
Christine Lagarde es aquella que cree que la vida de los ancianos es un riesgo económico. ¿Qué hará con las pensiones la nueva presidente del BCE? Después de aplicar en Europa las políticas de austeridad que asfixiaron a la clase trabajadora y enriquecieron a la súper elite, Lagarde ha instaurado el mismo patrón en #Argentina. ¿Quién seguirá allí su formidable labor (ironía)? Y no olvidemos que como ministra francesa de Finanzas fue condenada por desviación de fondos públicos.
Úrsula von der Leyen fue acusada de plagio en su tesis de medicina. Además, la Fiscalía alemana tiene abierta una investigación por la sospecha de que se estuvo contratando en Defensa a profesionales catalogados de falsos autónomos o expertos cuya relación laboral con el ministerio va más allá de la asesoría externa; todo ocurrió mientras ella era Ministra de Defensa.
¿Y qué decir de Josep Borrell? Recordemos que en 1999 renunció a ser uno de los candidatos a presidenciable al Gobierno español porque se descubrió que dos ex colaboradores suyos en Hacienda estaban siendo investigados por fraude fiscal. Y recientemente utilizó información privilegiada para vender acciones de Abengoa.
Vivíamos desde hacía décadas en un sistema corrupto, al que nadie criticaba en su conjunto, en su manera de funcionar. De forma que nos habían forzado, adoctrinado para adaptarnos a él. Y de repente, la llegada de la crisis vino de la mano con el desprestigio de las instituciones y personalidades que antes la prensa alababa (Strauss-Khan, Rodrigo Rato…). Los amos del mundo querían demostrar la existencia de la corrupción generalizada porque «algo debe reemplazar a los Gobiernos», como dijo David Rockefeller. ¿Pero qué podía sustituirlos? «El poder privado me parece la entidad adecuada para hacerlo», continuaba el magnate el 1 de febrero de 1999 en Newsweek International. La táctica era eliminar a un determinado número de corruptos para dejar el mundo en manos de un reducido número de corruptos.
Como sentenció el banquero Mayer Amshel Rothschild: «Dadme el control de la moneda de una nación y no tendré que preocuparme por quienes hacen las leyes».