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Inanna, la reina del Cielo y del Inframundo

Antes de que el Imperio acadio de Sargón dominara toda Mesopotamia a mediados del III milenio a. C. y sus divinidades supremas se masculinizaran, las deidades primigenias de Sumer eran femeninas. En todos los mitos ancestrales, ellas sostenían las columnas del Cielo que tienen su base en la Tierra.

Las primeras representantes de las divinidades del Cosmos en la Tierra fueron mujeres, titulares del Amor, la Fertilidad y la Guerra. Las diosas celestiales las iniciaron en los misterios confiándoles sus secretos. La deidad sumeria Inanna fue una de ellas. Era la gobernante, patrona y protectora de una de las primeras ciudades que se construyeron en el planeta: Uruk.

 

 

Uruk yació a orillas del Éufrates y desde ahí propagó su cultura e influencia por toda Mesopotamia, convirtiéndose en el primer y más importante centro humano del mundo. De acuerdo con la lista de reyes sumerios, Uruk fue fundada por Enmerkar, el cual construyó el Eanna, templo dedicado a la diosa Inanna. En el Templo de Eanna se encuentran las primeras tablillas de escritura conocidas por el hombre.

La organización social en Uruk era un matriarcado donde la sacerdotisa y señora del lugar tenía la autoridad y la capacidad de distribuir los bienes y la ley. La diosa-sacerdotisa más poderosa de Sumeria fue Inanna, que en lengua sumeria significa «Reina del Cielo», diosa sumeria del amor y de la fertilidad. Existen cientos de tablillas con cantos y poemas en su honor como, por ejemplo, esta escrita por Enjeduana, una sacerdotisa, hija de Sargón:

“Señora de gran corazón

Reina ávida de batalla,

Dicha de los Annuna

Hija mayor de la Luna

En todas las tierras soberana

Torre entre grandes gobernantes

Reina de obras excepcionales

Ella reúne los me

Del cielo y de la tierra

Rebasa al gran An”

 

 

Según cuenta la leyenda, Inanna engañó al dios de la cultura, Enki, que era adorado en la ciudad de Eridú, para que le diera el los Mes (documentos o tablillas que tenían los planos de la civilización;. representaban todo, desde nociones abstractas como la victoria, el consejo y la verdad hasta tecnologías como la tejeduría, la escritura y construcciones sociales como la ley, los oficios sacerdotales, la monarquía o incluso la prostitución. Garantizaban poder sobre, o posiblemente existencia a, todos los aspectos de la civilización, tanto positivos como negativos.

Una de las razones por las que Innana es muy conocida es por su descenso al inframundo. El mito del descenso de la diosa Inanna al inframundo constituye uno de los principales ciclos literarios mesopotámicos y se conoce bajo varios nombres, destacando los de Viaje de Inanna a los Infiernos y Viaje de Inanna al País sin Retorno. La historia cuenta la llegada a Erkalla de Inanna con motivo de la muerte de su esposo Dumuzi. Sin embargo, la versión acadia sugiere que Inanna, odiándolo, le entregó a los demonios. El poema cuenta también el asalto al infierno, gobernado por Ereshkigal, de Nergal, ayudado por Ea, y termina con el matrimonio y reconciliación de ambos. Podréis ampliar esta información en esta página web.

Innana, pues, había viajado al Inframundo para adquirir los misterios y los poderes de la muerte y del renacimiento, y de allí volvió convertida en la diosa del Cielo, de la Tierra y del Inframundo. Miles de años después, los cristianos cantan a la Virgen María, la madre de Jesús, usando los mismos epítetos que aparecen en los himnos dedicados a Inanna, como «Reina del Cielo y de la Tierra», «Estrella de la Mañana» o «Puerta del Cielo». De hecho, Ana es la abuela de Jesús en el Evangelio apócrifo de Santiago. En sumerio, Ana significa «Cielo» e In, «señora» o «señor», indicando el rango de quien ostenta el máximo poder del gobierno de una ciudad o un templo.

 

 

Innana, diosa del amor, la fertilidad y la guerra, está asociada con el planeta Venus, estrella de la mañana y del anochecer. Su símbolo es una estrella de ocho puntas y su animal asociado es el león.

Para conocer más sobre Innana y otras diosas portadoras del conocimiento te invito a descubrir Hijos del cielo: Las huellas del cosmos en la cultura humana, mi última obra publicada con el sello editorial Martínez Roca.

 

Portada Hijos del Cielo

 

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