Cristina Martin Jimenez Club Bilderberg en China

La mayor obsesión del poder. Lo que el ladrón quiere de ti

Se le atribuye a George Orwell (1) esa frase que dice:

[Tweet ““En una época de engaño universal, decir la verdad constituye un acto revolucionario”.”]

Parece que el engaño nació con el mundo, pues esta sentencia de principios del siglo XX no puede ser más actual. En este período de revueltas y cambios, la mentira campa a sus anchas provocando un vértigo de abismo. Hay muchas y de todo tipo, dispersas en la cotidianidad de los días, atacándonos desde el alba hasta el crepúsculo.

Pero, al mismo tiempo, existen infinidad de verdades y, precisamente por ello, es por lo que la mentira lucha con el objetivo de cegarnos, para que seamos incapaces de verlas. Es la puesta en práctica de aquella otra frase: “El bosque no te deja ver los árboles”. La niebla de la mentira se ha incrustado en los ojos como un velo de novia, como una gruesa tela de araña selvática. Pero eso no es casual, es el resultado de una estrategia espuria.

La mentira viene a por nosotros con más odio que nunca. Hoy día, los poderosos, los dueños del dinero, de los medios de comunicación, los ladrones, los bilderbergs usan el lenguaje para que las mentiras parezcan verdades. Y la esencia del objetivo es destruir lo que nos hace humanos, como advirtió sabiamente el escritor albanés Ismael Kadaré: “A los dictadores les obsesiona controlar los sentimientos de las personas porque son el último reducto, el último refugio de la libertad individual”.

[Tweet ““A los dictadores les obsesiona controlar los sentimientos de las personas”]

En estos momentos tan duros de la historia humana nos están robando tantas cosas… Y, ante la presión de las injusticias, muchos andan ciegos de mentiras y, por tanto, desorientados. La gente grita, la rabia se instala en sus mentes, la impotencia y el desasosiego distorsionan su sentido común. ¿Qué ocurre? Que por encima de los robos materiales existe una guerra tensa para robarnos los atributos humanos, para invalidar nuestra alma, el recipiente de nuestro ser, es decir, de quienes fuimos, de quienes somos, de lo que sentimos, de lo que pensamos. El alma, esa fuente que hace que cada uno de nosotros sea diferente y único. Y aún no satisfecha, la mentira, con su gula, su soberbia, su arrogancia y su forma canalla de subestimarnos y engañarnos, llega a negar la existencia del alma.

Te pueden robar el pan, el trabajo, la casa, el coche… pero si tú no lo permites no te podrán robar la alegría, que vive dentro de tu alma. Y partiendo de la fuerza de la alegría (que genera entusiasmo, ilusión, esperanza, proyectos nuevos, que te quita el velo de novia de los ojos) y no de la fuerza de la tristeza, podemos luchar para que no nos roben el pan ni el trabajo ni la casa. Desde la depresión no puedes batallar. Y ese es su objetivo: que te mueras de tristeza para seguir construyendo el mundo de sus sueños y no el de los tuyos. De ahí que la mentira machaque tu psique, cubra tus ojos y te impida disfrutar de las estrellas porque estás ocupado llorando por el sol.

He viajado por gran parte del mundo y he visto realidades desoladoras pero en esos países derruidos donde, por diferentes motivos, la vida es árida y hostil, también he observado que la sonrisa sobresalía por encima de los escombros. Los dictadores no han podido con el espíritu de sus gentes.

Ahora más que nunca, no permitas que nadie dicte cuáles deben ser tus emociones. No permitas que nadie te diga lo que tienes que sentir. Hay que luchar con fuerza, así que como le dije el otro día a mi amiga Laura: agárrate a la alegría, porque vienen curvas.

P.D.: El Club Bilderberg cuenta con varios laboratorios de estudios psicológicos para manipular nuestras emociones, como conté en mi libro.

(1) Seudónimo de Eric Arthur Blair (1903–1950). Escritor y periodista británico.

puerta-abierta

La crisis es una escuela. Rebélate y abre la puerta

Dijo un hábil estadista, de cuyo nombre no puedo acordarme, que la crisis es 50% desastre, 50% oportunidad y sé que muchos de vosotros os estáis percatando de ello porque me lo contáis y por mis observaciones periodísticas.

Conversaba el viernes a las tres de la madrugada con uno de mis mejores amigos.

– ¿Sabes? Me he dado cuenta de algo –me dijo emocionado–. Vivíamos en un mundo material, donde más que faltarnos, nos sobraba de todo, comprábamos más de lo que necesitábamos y de repente… ¡plash! ¡El mundo se va al carajo! Bueno, pues aunque a mí, como a miles de personas, me está costando adaptarme a este nueve escenario, en este camino de asimilación estoy aprendiendo mucho. Ahora valoro otras cosas y soy capaz de ver lo que antes estaba ante mis ojos y no veía. Por ejemplo, como no tengo tanto dinero como antes, me quedo en casa y disfruto de mi mujer y de mi hija como nunca lo había hecho. Esta crisis nos ha unido y nos permite tener tiempo para pasarnos horas y horas conversando… Y me he dado cuenta de algo: es tan necesario comunicarse…

Otro ejemplo. Esta mañana, mientras desayunaba, puse el oído para escuchar la conversación que sucedía junto a mi mesa entre dos amigos. Uno le decía al otro:

– Yo doy gracias a la crisis y rezo todos los días a Dios para que dure mucho.

Mi cara de asombro no era muy distinta a la del receptor del mensaje. Si el que hablaba aún no había enloquecido, le quedaba muy poco.

– Sí –continuó el narrador de este relato intrigante–, no me mires así. Debido a la crisis, mi hijo ha perdido el trabajo y se ha instalado en mi casa con su mujer.

Lo que también se había instalado era la estupefacción mi rostro y en el de su amigo, algo que el narrador no pasó por alto.

– Te explico antes de que llames a alguien para que me encierren en el manicomio. Con ellos ha llegado un ser maravilloso: mi nieto, al que sólo había visto dos veces en mi vida, ya que vivían en Alicante. Esto es lo mejor que me ha pasado en muchos años.

 

 

 

Siguió explicándole que con su pensión y la de su mujer, ayudaban a los nuevos inquilinos.

– Volvemos a ser una familia de verdad, una familia como las de antes. Estamos unidos y juntos superamos las adversidades. Jamás pensé que esta crisis pudiera traer algo bueno, por ello rezo todos los días, y que Dios me perdone, para que no acabe o, al menos, que dure muchos años.

Ambas historias me remitieron a una frase muy sabia, la que oí de boca de Guillén, uno de los protagonistas del documental que grabé el verano pasado en Cuba. Él sufría otro tipo de crisis y al final de la entrevista que le hice me dijo: “La enfermedad es una escuela… Sí, porque aquí, en Cuba (como en todas partes, añado yo), tienes siempre gente para ir a tomar (beber), para ir de fiesta… Pero el cáncer me ha enseñado quiénes me quieren de verdad”. Su mujer le abandonó argumentando que el trabajo no le permitía atenderlo y son muy pocos los amigos que lo visitan de vez en cuando. Sólo tiene a su hermana, que lo dejó todo para establecerse en su casa y cuidarlo. La enfermedad le enseñó una verdad: que no todos los que parecían amigos lo eran. Y además, le trajo un regalo inesperado: una hermana con la que por circunstancias de la vida no mantenía relación desde hacía años. A ella le pregunté si no le resultaba demasiado sacrificado ocuparse de Guillén: “En absoluto. Mis hijos ya son mayores y no me necesitan. Yo estaba sola y cuidarlo le ha dado un sentido a mi vida”. La cuestión es que se necesitaban mutuamente y sin duda alguna, quien da, recibe más de lo entregado.

Ya veis, alguien dijo que la crisis es 50% oportunidad. Pero, para algunos, es 100 por 100 cambio. Ahora que oímos quejas por doquier, realicemos un acto de rebeldía y aferrémonos a la oportunidad. Abramos las puertas de la mente y miremos lo que antes no veíamos a pesar de que estaba frente a nuestras narices.

 

Fuente imagen cabecera: www.fotocommunity.es

¡Hasta el Moño!

 

¿Veis esa cresta que me sale de la cabeza? No os descubro América al señalar que se llama moño. Pues eso, voy al grano: ¡Estoy hasta el moño!

Hasta el moño de que las cosas hayan dejado de llamarse por su nombre y nos obliguen a usar otros porque si no incurrimos en lo políticamente incorrecto. ¡Qué delito! ¡Pues que me encarcelen!

Hasta el moño de los políticos de alma pequeña y miserable.

De los que provocan guerras y masacres para enriquecerse.

Hasta el moño de los que no tienen sentimientos ni conciencia de la necesidad de tenerlos.

De que la gente no te reciba con una sonrisa… ¡que es gratis y te devuelve más de lo que das!

Hasta el moño de que realmente no haya información sino ruido y propaganda.

De los que en momentos como éste, en el que necesitamos estar unidos y actuar como los de Fuenteovejuna (todos a una), muchos se dediquen a sembrar la discordia y usen el alarmismo y el miedo para tratar de engañarnos.

De que llamen cultura y religión a las humillaciones constantes a las que someten a las mujeres en los países islámicos.

Hasta el moño de que aseguren que hay que reformar la Constitución y las leyes, cuando lo que tienen que hacer es cumplirlas y hacerlas cumplir.

De que la división de poderes (legislativo, judicial y ejecutivo) elaborada en el siglo XVIII, y supuesta base de nuestros Estados, no se haya hecho realidad en el siglo XXI. Lo que genera corrupción y más corrupción.

Hasta el moño de que las personas honradas no adviertan cómo las engañan.

Hasta el moño de los que engañan a las personas honradas.

Estoy hasta el moño de los hombres miserables y cretinos que consideran que las mujeres somos todas unas putas (con todo el respeto hacia las profesionales. La mayoría de las que he conocido son más señoras que las que van de señoras por la vida) y que tenemos un precio para acostarnos con ellos y si no lo hacemos, somos más putas todavía y entonces, en vez de dejarnos en paz, elaboran un plan de venganza para cobrarse el desprecio que supuestamente les hacemos. No caen en la cuenta de que sólo el soberbio puede sentirse humillado.

Hasta el moño de la falta de profesionalidad que observo en todos los sectores.

De los ignorantes que van de sabios y de los sabios que no alzan la voz.

Hasta el moño de quienes aún no se han enterado de que en esta vida todo se paga y que la paradoja está en que te va a pagar con tu misma moneda.

Hasta el moño de la gente amargada que vive con el único objetivo de intentar joder a los demás.

Hasta el moño de que me intenten esclavizar cuando lo que más valoro del mundo es ser libre y que todos lo sean.

Hasta el moño de los que van de auténticos cuando sólo son un producto de marketing.

Hasta el moño de que las voces más bellas de este planeta sean calladas por las más tenebrosas. Éstas últimas están en minoría pero generan tal estruendo que las hacen parecer más numerosas.

Hasta el moño de que la gente que no quiere trabajar culpe al sistema de todos sus males y de que los que quieren trabajar no encuentren trabajo.

Hasta el moño de que los abusadores, los explotadores de niños, los asesinos, los pederastas actúen con toda la impunidad del mundo.

Hasta el moño de los que no tienen palabra, de los traidores y de los ladrones.

Del miedo al qué dirán.

De los que confunden valor y precio.

Hasta el moño de la gente que tiene el alma pequeña.

En definitiva, estoy hasta el moño de la MENTIRA.

Perdonadme las emociones.

democracia ateniense

La democracia del bandido y la democracia del emperador

“A una colectividad se le engaña siempre

mejor que a un individuo”

Pío Baroja (1872-1956)

Escritor español

Los miembros del Club Bilderberg enarbolan la bandera de la democracia como el mayor tesoro a conquistar. Es la piedra angular de la estrategia expansionista desplegada para imponer el imperio del Nuevo Orden Mundial en todos los rincones de La Tierra. Tan manido y desvirtuado se ha quedado últimamente el término que no está de más que recordemos su significado legítimo. La democracia es un sistema de gobierno en el que los gobernantes son elegidos por los ciudadanos mediante votación y en el que el poder radica en la soberanía nacional. Abraham Lincoln, en su famoso discurso de Gettysburg, la definió como “el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo”. Winston Churchill manifestó que “la democracia es el peor de los regímenes, con excepción de todos los demás que se han probado”. Pero, desde mi punto de vista, fue el erudito español Miguel de Unamuno quien más acertó en su definición al señalar que la democracia se entiende como “proceso histórico de efectiva realización de la libertad y de la igualdad, como proceso de real y creciente participación de todos los hombres en la vida política y económica de la sociedad”.

Una vez esbozada la esencia del concepto la pregunta es obligada y relevante. ¿Qué entienden por democracia los amos del mundo? ¿Qué modelo de democracia pretende instaurar Bilderberg? ¿Es democrático que la élite mundial adopte leyes y medidas sin consultar al ciudadano? La democracia, plenamente aceptada por la sociedad occidental como el menos malo de los regímenes políticos, es la justificación perfecta de los bilderbergs para defender e introducir cuestiones que les lleven a lograr los objetivos que les interesan. Lo que significa que la democracia de los amos del mundo no es legítima, está desvirtuada y ha sido despojada de su significado original; es una pseudo-democracia donde impera el poder financiero y fáctico frente a la soberanía nacional que le es propia. Es una plutocracia. Es un totalitarismo.

La democracia occidental prefabricada por los amos del mundo es una falacia asentada sobre el falso pilar de “todos somos iguales”. La igualdad no es lo mismo que el igualitarismo. Esos hombres que tanto defienden públicamente la igualdad se han formado en instituciones elitistas, han recibido una educación y unos conocimientos situados años luz de los que recibe el resto de la sociedad. Es imposible que se dediquen a luchar por la igualdad de todos cuando ellos forman parte de una organización clasista situada muy por encima del resto de los ciudadanos del mundo. No les interesa porque perderían sus privilegios. Lo que proporcionan al pueblo son residuos de igualdad. Residuos de democracia.

Según el discurso del grupo y sus acólitos, la internacionalización de las finanzas y el sistemático intercambio mercantil avalarían el mejoramiento de las condiciones de vida de la mayoría de las personas dentro de un contexto democrático. Pero ¿a qué precio? Se trata de establecer un nuevo Estado del bienestar, una versión reformada y corregida del anterior, que se presenta como el modelo ideal a establecer dentro de un mundo globalizado, en el que las soberanías nacionales dejan paso a una soberanía mundial gestionada por los bilderbergs.

Los amos del mundo son enemigos de la democracia auténtica porque obtienen mayores beneficios de los regímenes corruptos, del totum revolutum, que de un sistema completamente limpio donde todas las leyes se cumplan al pie de la letra y de igual forma para todos.

 

 

 

El filósofo Agustín de Hipona expresó con claridad meridiana la injusta forma en la que se manifiestan los poderosos en la sociedad:

“Si de los gobiernos quitamos la justicia, ¿en qué se convierten sino en bandas de criminales a gran escala? Y esas bandas ¿qué son sino reinos en pequeño? Son un grupo de hombres, se rigen por un jefe, se comprometen en pacto mutuo, reparten el botín según la ley por ellos aceptada. Supongamos que a esta cuadrilla se le van sumando nuevos grupos de bandidos y llega a crecer hasta ocupar posiciones, establecer cuarteles, tomar ciudades y someter pueblos. Abiertamente se autodenominan entonces reino, título que a todas luces les confiere no la ambición depuesta, sino la impunidad lograda. Con toda profundidad le respondió al célebre Alejandro un pirata caído prisionero, cuando el rey en persona le preguntó: ¿qué te parece tener el mar sometido a pillaje? A lo que el corsario le respondió: Lo mismo que a ti el tener al mundo entero. Solamente que a mí, que trabajo en una ruin galera, me llaman bandido, y a ti, por hacerlo con toda una flota, te llaman emperador”.

 

Fuente imagen cabecera: http://politikaucab.net